sábado, 17 de enero de 2015

POBREZA










a Willian Butler Yeats







Oí a lo lejos una metáfora descabellada
que comparaba piedras preciosas 
con los sueños pisados de Yeats..
Pisa suavemente mis sueños, decía el poeta
y bajo mi desvencijado sombrero de copa
yo intuía ese eco que me recordaba 
la música de una indeformable flor de loto,
un sueño tenaz navegando río abajo
que crece y crece en su onda 
en la medida que parece que desapareces,
pero sólo en esa concéntrica duda.


Quizá, pobreza,
Quizá, pobreza,
Quizá, pobreza...

elmagritte





sábado, 8 de noviembre de 2014

LOS POSOS DEL CAFÉ. BIBLIOTECAS PÚBLICAS EN ESTE MUNDO Y EN EL OTRO.


Dedicado a Ariel Brito Jiménez y a todos los afines a la profesión bibliotecaria.


Qué delicia es tomarse un café los sábados por la mañana con un libro a tu lado. Sorber ese líquido negro aromático con un leve siseo mientras degustas renglones de negro sobre sepia, (un clásico del siglo xx manoseado), es la ocasión más cercana a la experiencia mística, una suerte de pose estética que bien podría ser el cuadro de una sala de arte contemporáneo. Y así me veo, admirado por un grupo de japoneses tirándome un chorro de fotos e inventando exégesis sobre el significado del cuadro.

Sin embargo, todo momento sublimado corre el peligro de volverse en tu contra cuando se acaban los estímulos y los efectos del café. A uno no le queda sino mirar dentro de la taza por si encuentra en los posos alguna traza del significado de esas sensaciones que más bien casan con el otro mundo. Ya de regreso a este mundo, con el consiguiente disgusto de no encontrar ninguna señal en la loza, paso a plantearles una cuestión que viví ayer en mi trabajo y así me meto de lleno en la miserable y hermosa cotidianidad. Hago un punto y aparte formal.

Ayer, un usuario de twitter nos mencionó y dejó entrever la poca conveniencia de dar cabida a temas pseudocientíficos en bibliotecas públicas, a propósito de una conferencia gratuita que se va a impartir en breve sobre cartas astrales en la Biblioteca Insular
Mi amigo bibliotecario, Ariel Brito Jiménez, que es una persona letrada, inteligente y rápida como el viento, sugirió que, en estos casos, utilicemos el protocolo que recomiendan los gurus del twitter, que consiste en responder, en menos de 140 caracteres, de una forma diplomática, yo diría, eufemística, al susodicho twittero científico de nuestros criterios “para” con estos temas.
Y así lo hice, gracias al alarde de mi buen amigo, en estos términos. Póngale el tono que quieran:
¨Consideramos que en las bibliotecas públicas tienen cabida todo tipo de materias” , 85 caracteres más un “emotiguiño”. He de confesarles mi apuro y lentitud a la hora de resolver estos temas pues, al releer la frase, mi cabeza se llenó de aristas y conexiones sinápticas que incluían una explicación, en primer lugar, de sentido común, (los libros de astrología tiene como signatura 133.5 y están en la 1ª planta), y en segundo término, una más científica y metafísica de mi relación con la astrología, que bien merecía una conversación y que no cabían en esas 140 letras.
Tengo claro que, en ciencia positiva, menos siempre es más, comprimir es comprender, o dicho de otra forma y como afirma mi gurú científico, Jorge Wagensberg, “comprender es la mínima expresión de lo máximo compartido”, “lo común entre lo diverso”, la relación que hay entre un huevo y una máquina de coser, y por qué no, entre este mundo y el otro. Lo cierto es que tuve la tentación de escribirle un tuit a mi instigador twittero contestándole de esta manera, “Por qué no se pasa por la biblioteca y charlamos un rato sobre el tema” , 73 caracteres que servirían para conocer en persona a un defensor de la astronomía. Una vez, frente a frente, estaría encantado de invitarlo a un café para, quien sabe, me ayudara a discernir las lecturas ocultas de los posos en el fondo de una taza, si los hubiere. Posiblemente le recomendaría un clásico contemporáneo del siglo xx para que suelte o me enseñe su lastre científico , y le presentaría al ponente de la conferencia de astrología. Por último, nos haríamos un selfie que colgaríamos en el twitter con el texto: “Diálogos de este mundo y del otro”, 35 caracteres que englobarían la ficción, la ciencia ficción, la economía, la política, el arte, la autoestima, la psicología, el teatro, el cine, la mitología, las redes sociales, (físicas y virtuales), y que explican el sentido exacto del lugar donde trabajo, una biblioteca pública, un espacio donde la libre expresión permite el debate de posturas antagónicas, una profesión de la que me siento orgulloso pertenecer. 
Quizá debamos los bibliotecarios de crear algún hashtag en twitter para responder estas cuestiones, una palabra en la quede implícita la redundancia de esa pregunta bien o mal intencionada, aunque siempre esté en nuestra forma de ser la predisposición de explicarlas una y mil veces cómo y dónde quieran. ¿Qué les parece éste? . 
#Silencio 
Más comprensión no cabe, más compresión y ciencia, es imposible.




Juanbe





viernes, 16 de agosto de 2013

AGUA


Conozco a la mujer licuada,
sé los mares que navega
y  en qué charcos juega,
toda agua ella.

Se baña,
se pasea líquida por la tierra,
mea encima mío
y  ríe a carcajada batiente
mientras resbalo en la inconsciencia.

Lejos, muy lejos, se escuchan los ecos halagos de ese efecto diurético que le provoca
el vapor de mi retama seca.

Desvergonzada,
cruel,
amada Perséfone.

martes, 13 de agosto de 2013

DUDA

Recatada ella, siempre recatada,
con su pelo de rojo
bucle, 
ovillo que se mueve imperceptible,
como la araña que se balancea sobre su malla
a la paciente espera de un epílogo,
una trama
que es ella, 
la irreductible y siempre recatada 
DUDA, 
Ella...                                                  
                                                     Ilustración de Gabriel Pacheco obtenida del Álbum Ilustrado, escrito por Arturo Abad, "Taller de corazones".
    

viernes, 12 de julio de 2013

ENIMIGRANTES

Piensas que la fría estación conserva los pretextos para tu marcha,
pero llegas horas antes de la partida  y la espera es traicionera.

Amagas con echar a correr
pero temes caer rendido en la jodida tierra que te vio nacer
y eso te incomoda.
Te da cierta vergüenza
rehacerte por un momento 
para anudarte la corbata de las negativas.

Y no te ves, no eres como esos héroes de batallas perdidas
que viven la melancolía sin trazas de tristeza,
no eres el soldado que enarbola banderas grises, no

Eres el emigrante del siglo XXI
que va ligero de equipaje 
pero que siente en su maleta 
el peso de cómo languidecen las ilusiones,
una desvencijada maleta que necesita ser compadecida
porque no soporta empacar destinos inciertos

Eres ese probable e(ni)migrante, sin hueco
que  sueña viajar en un tren de otro tiempo,
ese que multiplicaría el pan de tus hijos,  
ese tren que se divisa a lo lejos, 
que nunca llega, que siempre está por llegar.


elmagritte




















sábado, 25 de mayo de 2013

YO, MELANCOLÍA

Melancolía I (Durero)
Para Rocío...                                  

Recordarte en invierno
no es cuestión baladí.
No es autoexigencia, ni imperativo,
ni remembranza cursi propia de aniversario.

Es tal la sutileza del tiempo mensurable en este invierno,
que lleno mi salón 
de relojes de arena
para pensarte 
grano a grano.           
Por eso, aunque involucionen mis órganos,
y no quede tiempo para seguirte en tus travesuras,
prefiero recordarte 
sin empalagos,
desnuda...

Sí, recordar y escribir con pluma desatada,
que un día te ví corriendo por la casa
como alma que lleva el diablo,
dejando harapos y pecados a tu paso.

Mientras yo, Melancolía, recojo el estropicio
y abrazo tu desnudez,
tu cuerpo,
ese que ruboriza
la balanza del tiempo que te contempla.




elmagritte

miércoles, 4 de julio de 2012

De ratones y hombres: La soledad de Steinbeck


“Mortificación de los sentidos y las pasiones”. Así define la  Academia de la Lengua la palabra “austeridad” y es la que me apropio para resumir lo que significa para mi la lectura de esta novela corta de Steinbeck.

“De ratones y hombres” o también titulada por algunas editoriales,“La fuerza bruta” es una obra  perfectamente equilibrada y es probable que su fluidez y su fuerza radique en la sencillez y parquedad de diálogos y en el minucioso ejercicio poético de su narración que precipita la historia hacia el final en un abrir y cerrar de ojos, un final terrible donde no existe el tiempo para lamentaciones.

John Steinbeck (1902-1968) que basó el argumento en propias experiencias vividas en los años de la Gran Depresión, nos resume, en 168 páginas, el valor que cobra la amistad en momentos donde la soledad es casi una imposición por las circunstancias. Precisamente es en  Soledad, una pequeña ciudad californiana, donde se desarrolla los acontecimientos de esta hermosa trama.
George y Lennie, dos amigos que son contratados para trabajar como jornaleros, llegan a un rancho con la esperanza de reunir el dinero que les permita realizar el sueño de tener su propia granja. George, hombre rudo y bien arraigado al presente, ve el futuro incierto pero alimenta  el sueño de su amigo, un grandullón retrasado mental con una fuerza descomunal que no controla. Lennie, entusiasmado con la idea, fantasea con cuidar a sus animales en su propia granja, pero sus desbordadas caricias son un problema. En el rancho, la situación es áspera debido a que los peones ven a “la mujer” de Curley, el arisco hijo del patrón, como una perversión que no se pueden permitir. Prefieren gastarse el poco dinero que tienen en el prostíbulo del pueblo para evitar conflictos.

El paisaje steinbeckiano

No es de extrañar que la mujer principal en esta novela aparezca sin nombre. Es, simplemente, “la mujer de…”. Sin embargo, su eclosión en el texto es parte fundamental como desencadenante de los acontecimientos. “La mujer de…” no puede tener conversaciones con otros hombres que no sean su marido. La seducción, en sociedades dominadas por el hombre, como ésta,  no es amenaza alguna fuera del ámbito prostibulario donde la mujer es…”de todos” y, en esta novela, se llama Susi, la dueña del prostíbulo. En cambio, la mujer sin identidad es elevada aquí a figura de “mito”, como generadora del mal,  donde su seducción, inteligencia y sabiduría es un problema  para la integridad de los hombres. Esta doble vertiente de “lo femenino” es recurrente en la obra de Steinbeck y se manifiesta en esta novela de forma natural con toda su crudeza. Estos estereotipos de marginación social: el papel de la mujer, el patrón, el negro Crooks, que simboliza el racismo, la rudeza de los trabajadores, sirve a Steinbeck para denunciar la sociedad clasista de la época y el declive de una sociedad capitalista, que tiene su máxima expresión en el crack de la bolsa del año 1929, y que se palpa en la obra como exaltación de la dignidad humana frente a las adversidades.

El bestiario, sin embargo, que nos propone el autor, no contiene la carga simbólica propia de los textos moralizantes, pero sí que íntegra la acción animal en el paisaje y la envuelve en un halo poético imposible de olvidar.  
Curiosamente, el animal no simboliza nada, pero el hombre sí que se animaliza, al tiempo que  humaniza al texto. Lo cotidiano se vuelve instintivo, irracional, mecánico.  
Ratas y hombres, en el mismo plano, sin guaridas donde protegerse de la eventualidad propia del desarraigo.

Así, lo simbólico se vuelve poesía para comprender una realidad que, hoy día, supera la ficción.  La historia se repite una vez más. La crisis actual, el empecinamiento de mantener una maquinaria sistémica que solo funciona para unos cuantos, deshumaniza  el entorno y provoca que el individuo, sublimado por el consumo,  bordeé la soledad, ese sentimiento, no elegido, que aparece en las novelas de Steinbeck, y que se recrudece por la absurda codicia que reina en los tiempos que corren.
El hedor está en la superficie, a nuestro lado y las ratas salen de las alcantarillas a reclamar lo suyo, como las ratas que Dostoievski menciona en “Memorias del subsuelo”, probablemente provocadas por esa obstinación nuestra de no tocar fondo para no reconocernos en las miserias humanas. A pesar de todo, como dice un proverbio indio que conocí por boca de Dominique Lapierre, “siempre hay mil soles en el reverso de las nubes”, una idea brillante, un camino, un sol, alguien o algo que arregle este despropósito y que depende, exclusivamente, de nosotros, del ser humano.

En escena

John Steinbeck escribe De ratones en el año 1937 y justo después, él mismo lo lleva al teatro, impulsado por el éxito de público. Es indudable el componente dramático de la novela pero hay una serie de cuestiones formales que me generan dudas. Cómo sube un autor su propio paisaje a escena. Cómo palia los matices de ruidos y olores que provoca el texto. ¿Y la caricia de Lennie a un ratón muerto cuando no valen “ratones de goma”? Aunque son  preguntas ingenuas o falaces, los que vibraron con el texto saben de lo que hablo. Y continúo, sin pretender desentrañar el final, ¿cómo entiende, Steinbeck, ese tiempo de asistir al desenlace sin oír las cadenas de los ronzales de los caballos? 
He visto en el Teatro Cuyás, la adaptación que , Miguel del Arco y Concha Busto Producciones, han hecho de la novela y me ha impresionado la capacidad de solventar con luces , proyecciones y cambios de escena todas estas cuestiones que planteo, las cuales son todas totalmente prescindibles porque la poética existe y, además, engrandece la obra. Eso sí, tienen que perdonar mi intoxicación literaria y dejar que conserve este “plurium interrogatonium”, precisamente por dos razones, para diferenciar los lenguajes, teatral y literario,  y para no olvidarnos de su complementariedad.

Algunos hemos leído “De ratones y hombres” para reconocernos en la austeridad de sus personajes, esa que mortifica los sentidos por la exigencia de buscar la belleza en la dureza de sus letras. Por ello, la recomiendo y lo quiero hacer con una parte de la maravillosa descripción que el narrador hace de la sabiduría de Slim, el personaje más cabal de la novela. Dice así: “Su oído escuchaba más de lo que se le decía, y su palabra tarda tenía tonos ocultos, no de pensamiento sino de una comprensión más allá del pensamiento”…

Una comprensión más allá del pensamiento es la que se necesita para recibir las grandes obras de la literatura y ésta, sin duda alguna, es una de ellas.

elmagritte